Sanar el Alma

Sep 20, 2021

No podemos sanar, sin antes haber despertado primero. Cuando hablamos sobre el despertar de la consciencia, fui muy claro en explicar el proceso de cómo muchas veces se da y cuales son las características de transitar ese camino. Sin embargo, es muy difícil que podamos llegar a este nivel si primero no hemos despertado, de ser así, no sabríamos por dónde ir, porque para poder sanar, hay que primero saber qué es lo que hay que sanar. Caso contrario, es como lanzar tiros al aire esperando que alguno de ellos le de al blanco, pero todo cambia, cuando sabemos que es lo que hay que sanar, porque ya tenemos consciencia y eso, en sí, ya es la mitad del camino.

Es muy importante el paso previo ya que muchas veces el Ego no quiere ser detectado y se esconde en el inconsciente y el va a hacer todo lo posible para distraerte de lo que realmente debes hacer y, muchas veces, te va a sabotear en tu proceso de crecimiento con un montón de paradigmas y miedos para que no logres resolver eso que ya sabes que debes resolver. Es por esto que muchas veces se nos hace tan difícil poder sanar alguna historia pendiente porque pensamos que “el tiempo cura las heridas” y esto es una completa falacia, ya que para el inconsciente el tiempo, no existe, esto quiere decir que es un eterno presente. Entonces, si no resolviste eso que estaba pendiente 10, 20 o 30 años atrás, te seguirá persiguiendo en tu presente. 

Siempre lo he dicho, todo lo que no se sana, se repite. 

Esto quiere decir que si no hiciste el trabajo de resolver y liberarte de lo traumas del pasado, entonces ellos se presentarán de varias formas hasta que puedas resolverlos y esto no solo sucede con lo tuyo, sino también con tus ancestros. Así es, todo lo que ellos tampoco pudieron resolver en su momento, entonces quien se hace cargo ahora es la siguiente generación que le preside y si ellos tampoco lo pudieron resolver, entonces seguirá perpetuando hasta que alguien con la suficiente consciencia pueda cortar con esas cadenas. Carl Gustav Jung, no pudo haberlo dicho de mejor manera, “Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario, para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.”

Cuando negamos que algo sucedió de cierta forma, estamos condenados a repetir una y otra vez los mismo acontecimientos de nuestra vida, por ende no hemos aprendido el mensaje que en su momento debimos aprender y no pudimos. Como si fuéramos niños reprochando lo sucedido. Cuando puedes aceptar que las cosas así fueron y que no pudiste haberlo hecho diferente o que simplemente no estaba en tu control hacerlo diferente, entonces comienzas a sanarte, pero para llegar a este punto es necesario rendirse. Por supuesto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, sin embargo, es un camino que se debe recorrer si realmente deseas liberarte.

Cuando repetimos las historias del pasado es porque nos hemos aferrado a lo que sucedió, es como si a una parte de nosotros le hubiera gustado que fuese diferente y nos anclamos a ese evento sin darnos cuenta y así caminamos por la vida atados a ese que quedó pendiente. Como por ejemplo, cuando papá no fue a la escuela porque se olvidó de recogerte o cuando mamá me castigo sin sentido alguno, cuando pedía cariño y no me lo supieron dar. Cada quien tiene su propia historia, algunos más trágica que otras, aunque lo que sí te puedo decir, es que casi siempre nos apegamos a situaciones que ni siquiera son ciertas, puede que hayan sucedido, pero no de la forma que tu las recuerdas. Esto quiere decir que siempre que nos estancamos en un trauma solo tenemos una parte de la verdad y esa es solo mi parte de la verdad. Muy difícilmente pudiste ver el panorama completo y por ende entró el juicio y cuando entra el juicio te hundes en ese dilema. Cuando podemos salir por un momento de lo sucedido y mirar con otros ojos, es decir, comprender la historia del otro, entonces comenzamos a soltar los juicios que me tenían atado. Como dice Miguel Ruíz en su libro “Los Cuatro Acuerdos”, “nunca nadie te hace daño porque sí, sin embargo, siempre nos lo tomamos personal, como si fuera a propósito, como si el mundo entero estaría en contra nuestra, cuando en realidad no sabes qué es lo que está pasando en la vida del otro.”

Existen muchas formas de sanar y todas son muy poderosas.

Lo que casi siempre sucede cuando sanamos, es que vemos con otra mirada las situaciones, comprendemos desde otro punto de vista y comenzamos a cambiar nuestra percepción de lo sucedido. Cuando logramos hacer eso, entonces todo lo que nos tenía atados ya no tiene más poder sobre nosotros, podemos mirar atrás sin ese sentimiento de culpa o de pena o de querer llorar por la injusticia, sino más bien comprendes el aprendizaje que esa enseñanza produjo en ti y por primera vez lo miras con ojos de gratitud, ya no hay molestia, ni rabia, ni enojo, ni apego, por primera vez, sientes lo que es estar libre. 

Cuando esto sucede, entonces la vida ya no necesita enviarte más pruebas en base a eso, es como si algo se liberara y la vida no tiene la necesidad de darte más lecciones sobre ese tema en específico. Es como si hubieras pelado una capa de cebolla en la cual más adelante te das cuenta que te lleva a algo aún más profundo de sanar y cuando resuelves eso, quitas otra capa y otra capa y así sucesivamente, hasta que te vas limpiando por completo. Y la pregunta es, ¿cuándo te limpias por completo? Pues cuando alcances Nirvana. Puede ser en esta vida o en otra, pero tu tarea es jamás dejar de limpiarte, porque hemos venido acá livianos y así es como debemos irnos, livianos.

 

Plenitud y Abundancia

Luis Miguel Ponce 

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